Con ellas vine, y con ellas me iré. Esta cita me recuerda a ellas:
Todo había cambiado de repente: el tono, el clima moral. No sabías qué pensar, a quién escuchar. Era como si durante toda tu vida te hubieran llevado de la mano como a un niño pequeño y, de pronto, te encontraras solo y tuvieras que aprender a andar. Ya no quedaba nadie, ni la familia ni las personas cuya opinión merecía tu respeto. En aquel tiempo sentías la necesidad de comprometerte con algo absoluto que gobernara tu vida y reemplazara unas leyes del hombre que habían sido descartadas. Sentías la necesidad de entregarte a una meta última con todas tus fuerzas, sin reservas, como no habías hecho nunca en los apacibles tiempos viejos, en la antigua vida que ahora estaba abolida y había desaparecido para siempre.
BORIS PASTERNAK, Doctor Zhivago
viernes, 30 de diciembre de 2011
miércoles, 21 de diciembre de 2011
El Erizo.
domingo, 18 de diciembre de 2011
MAPA DE LA MENTE
En el mapa de la mente representaban palabras, ideas, tareas, u otros artículos
ligados a y dispuestos radialmente alrededor de una palabra clave o de una idea
central. Se utiliza a genere, visualice, estructura, y clasifique ideas, y como
ayuda adentro estudio, organización, el solucionar de problema, toma de
decisión, y escritura.
Es un
diagrama imagen-centrado que representa semántico u otras conexiones entre las
porciones de información. Presentando estas conexiones en un radial, manera
gráfica no linear, anima a reunión de reflexión acerqúese a cualquier tarea de
organización dada, eliminando el cañizo inicialmente de establecer un marco
conceptual intrínseco apropiado o relevante al trabajo dentro.
Un mapa de
la mente es similar a a red semántica o modelo cognoscitivo pero no hay
restricciones formales en las clases de acoplamientos usados.
Los
elementos se arreglan intuitivo según la importancia de los conceptos y se
organizan en las agrupaciones, los ramas, o las áreas. La formulación gráfica
uniforme de la estructura semántica de la información sobre el método de acopio
conocimiento, puede ayudar a memoria de existir memorias.
Pautas del mapa de la mente
1.Comience en
el centro con una imagen del asunto, usando por lo menos 3 colores.
2.Utilice las
imágenes, los símbolos, los códigos, y las dimensiones a través de su mapa de
la mente.
3.Seleccione
las palabras claves e imprima con letras superiores o minúsculas.
4.Cada
palabra/imagen debe ser solas y que se sientan en su propia línea.
5.Las líneas
se deben conectar, a partir de la imagen central. Las líneas centrales son más
gruesas, orgánicas y el fluir, llegando a ser más finas pues irradian hacia
fuera del centro.
6.Haga las
líneas la misma longitud que la palabra/la imagen.
7.Utilice los colores
- su propio código - a través del mapa de la mente.
8.Desarrolle
su propio estilo personal de traz de la mente.
9.Utilice el
énfasis y demuestre las asociaciones en su mapa de la mente.
El miedo a la libertad. Erich Fromm
Pocos títulos de la investigación psico-social del siglo XX
fueron tan acertados como éste —El miedo a la libertad— que Erich Fromm puso al
frente de una de las obras más lúcidas sobre la crisis de nuestro tiempo. En él
—como se recordará— analiza Fromm la libertad como problema psicológico y sus
mecanismos de evasión; los momentos fundamentales para el desarrollo de la
libertad, como la reforma protestante o —sobre todo— las amenazas a la libertad
(fundamentalmente desde el fascismo, aún presente en nuestros días, como
recientemente ha recordado Eco en sus reflexiones sobre el Ur-fascismus
(fascismo originario e intemporal). Pero también se centra en el síntoma que
sigue más vigente en nuestros días: la creciente estandarización de los
individuos en las sociedades avanzadas (con la consiguiente conciencia de
insignificancia personal), de la que ya no sólo son instrumentos privilegiados
los medios de comunicación de masas y las dinámicas de consumo, sino también el
propio sistema educativo.
Rainer Funk, uno de los principales especialistas en nuestro
autor, decía que “Para Erich Fromm, el objetivo del arte de vivir consiste en
relacionarse de tal modo con la realidad exterior e interior, con las propias
fuerzas espirituales y físicas, que pueda desarrollarse el amor a la vida”. Y
yo me pregunto si hay mejor definición del proceso educativo (que no concluye
nunca) que ésta que considera la existencia como un “arte de vivir” (que como
todo arte, techne, se aprende y se perfecciona), centrado en la dimensión relacional
(con nosotros mismos y con los demás), que genera ese amor a la vida, que
articula adecuadamente la voluntad de vida y la voluntad de sentido.
¿Qué impide que esto ocurra? Pues… casi todo. Pero en cada
una de las esferas siempre encontramos el miedo a la libertad: el miedo de
quienes nos gobiernan a tener como interlocutores no votantes dóciles o
domesticados, sino ciudadanos libres, conscientes, a la vez responsables y
exigentes; el miedo de los padres a que los hijos se les “desmanden”, por no haber
entendido que, si realmente les educan en la libertad, han de hacerlo también
en la responsabilidad y en la alteridad; el miedo de los educadores a caminar
por sendas ignotas, a adentrarse por terrenos en los que la libertad de los
educandos podría traducirse en caos y anarquía (olvidando, de nuevo, que no
existe la libertad sin responsabilidad)… Y así, realmente, la alternativa a la
libertad en los procesos educativos es el control férreo o la anomía (la falta
de reglas del juego) y el caos.
Miedo a pensar por sí mismos. Miedo a equivocarse. Miedo a
preguntar lo que desconocen, pues recelan de la opinión que el profesor o sus
compañeros podrían hacerse. Miedo a trabajar en lo que les gusta y porque les
gusta. Y por ello no entienden
el pacto: haz lo que creas honradamente que puede enriquecerte, contribuir a tu
crecimiento, a tu maduración… Porque están acostumbrados a que se les marquen
los trabajos en números de folios, de palabras o de caracteres. Y porque nunca
los hacen en su propio beneficio, sino para alcanzar la nota que supuestamente
les concederá el profesor, si realmente han alcanzad a interpretar su
voluntad y sus deseos (que a veces incluyen también sus matrices ideológicas).
domingo, 11 de diciembre de 2011
Maurice
En aquel momento miré a mi alrededor y me pregunté si eso sería cierto. Me acordé de Doña Simone, que se había vuelto cada vez más loca con el paso de los años. Según me contaron, se había vuelto loca por vivir junto al mar, y gracias a las historias sin mucho sentido de Maurice, todo el mundo había acabado creyendo que Doña Simone había terminado majara por los aires que respiraba.
Maurice era el, amable pero tonto, vendedor de pescado de la zona. Nadie se fiaba mucho de la calidad de sus productos, pero era el único que los vendía, así que su negocio nunca se iba a pique. A pesar de la belleza que caracterizaba a su familia, Maurice era un tipo delgaducho y muy alto. Llevaba unas gafas de culo de botella, con los bordes color ceniza, e iban pegadas justo por el medio. Tenía el pelo oscuro y desaliñado y un bigote fino y largo que prácticamente le ocupaba las mejillas. Sus dientes estaban torcidos, aunque no sucios y siempre iba con un peto vaquero que combinaba con camisetas (casi siempre rotas) de diferentes colores.
Había muchas leyendas sobre Maurice, lo que poca gente sabía era que el mismo se las inventaba.
-Este chico debería estar en la cárcel, digo yo- exclamaba Herminia, la ventera, que siempre excusaba los malos olores de su puesto a los pescados pasados de Maurice.
Hubo una época en la que Maurice desapareció. Cuando regresó, contó a todo el pueblo que había conocido a una mujer. Se llamaba Yasmín, y trabajaba como bailarina profesional. Maurice tenía en boca todo el día a Yasmín. Hablaba de su cuerpo, de su agradable risa y de cómo le llenaba el cuerpo de besos de carmín cuando se veían a escondidas en el hostal de al lado del cabaret donde ella trabajaba. Todos los hombres del pueblo querían conocer a Yasmín. Yasmín la bailarina. Yasmín la de los labios de color rojo. Yasmín, la que tenía una voz tan dulce que hacía que te enamoraras nada más oirla.
Maurice tenía una relación en secreto con una persona que era deseo de otras muchas. Debe haber sido esa la razón por la cual nunca la había visto nadie. O puede que Maurice viviera junto al mar, como Doña Simone.
-Yo no voy a poner en bandeja a mi bella mujer para que todos la miren de manera deshonesta-aclarama Maurice.
Parece ser, al fin y al cabo, que el pescadero no era tan tonto como parecía.
Maurice era el, amable pero tonto, vendedor de pescado de la zona. Nadie se fiaba mucho de la calidad de sus productos, pero era el único que los vendía, así que su negocio nunca se iba a pique. A pesar de la belleza que caracterizaba a su familia, Maurice era un tipo delgaducho y muy alto. Llevaba unas gafas de culo de botella, con los bordes color ceniza, e iban pegadas justo por el medio. Tenía el pelo oscuro y desaliñado y un bigote fino y largo que prácticamente le ocupaba las mejillas. Sus dientes estaban torcidos, aunque no sucios y siempre iba con un peto vaquero que combinaba con camisetas (casi siempre rotas) de diferentes colores.
Había muchas leyendas sobre Maurice, lo que poca gente sabía era que el mismo se las inventaba.
-Este chico debería estar en la cárcel, digo yo- exclamaba Herminia, la ventera, que siempre excusaba los malos olores de su puesto a los pescados pasados de Maurice.
Hubo una época en la que Maurice desapareció. Cuando regresó, contó a todo el pueblo que había conocido a una mujer. Se llamaba Yasmín, y trabajaba como bailarina profesional. Maurice tenía en boca todo el día a Yasmín. Hablaba de su cuerpo, de su agradable risa y de cómo le llenaba el cuerpo de besos de carmín cuando se veían a escondidas en el hostal de al lado del cabaret donde ella trabajaba. Todos los hombres del pueblo querían conocer a Yasmín. Yasmín la bailarina. Yasmín la de los labios de color rojo. Yasmín, la que tenía una voz tan dulce que hacía que te enamoraras nada más oirla.
Maurice tenía una relación en secreto con una persona que era deseo de otras muchas. Debe haber sido esa la razón por la cual nunca la había visto nadie. O puede que Maurice viviera junto al mar, como Doña Simone.
-Yo no voy a poner en bandeja a mi bella mujer para que todos la miren de manera deshonesta-aclarama Maurice.
Parece ser, al fin y al cabo, que el pescadero no era tan tonto como parecía.
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